La cifra de choferes de transporte público asesinados por grupos dedicados a la extorsión ha alcanzado un total de 72 en lo que va del año. Esta estadística revela una escalada crítica en los crímenes contra los trabajadores del sector, quienes se encuentran expuestos diariamente sin mecanismos efectivos de protección.
Una crisis silenciosa pero letal
Los homicidios dirigidos específicamente contra conductores no han cesado ni muestran signos de desaceleración. La impunidad y la capacidad operativa de las bandas extorsionadoras permiten que estos crímenes se cometan con relativa frecuencia, generando un clima de terror en las rutas urbanas y periurbanas.
La respuesta desesperada del gremio
Frente a esta realidad desoladora, la percepción entre los choferes ha cambiado drásticamente. La inseguridad imperante está llevando a muchos trabajadores a considerar el porte de armas como una medida necesaria para su supervivencia. Esta tendencia refleja un colapso en la confianza hacia las autoridades competentes y sugiere que, ante la ausencia de garantías estatales, los ciudadanos recurren al autodefensa.