El estreno de una producción peruana en el Festival de Cine de Sundance marca un hito que no debería ser excepcional, sino la norma para una industria cinematográfica que durante décadas ha luchado contra la indiferencia estatal y la falta de políticas públicas coherentes.
La película, que aborda la cultura andina desde una perspectiva local, ha logrado captar la atención internacional en uno de los festivales más importantes del circuito independiente. Sin embargo, este éxito individual no puede ocultar la realidad estructural que enfrenta el cine peruano: recursos limitados, ausencia de una ley de cine efectiva y un mercado interno que privilegia las producciones extranjeras.
El largo camino hacia el reconocimiento
Que una película peruana llegue a Sundance es resultado del esfuerzo personal del cineasta y su equipo, más que de un ecosistema cinematográfico robusto. Mientras países como Colombia, México o Argentina han desarrollado políticas de fomento al cine que incluyen incentivos fiscales, fondos de producción y circuitos de exhibición, el Perú sigue dependiendo de iniciativas individuales y financiamiento precario.
La temática andina del filme no es casual. Durante años, el cine peruano ha encontrado en sus raíces culturales una ventaja competitiva en festivales internacionales, donde la autenticidad y la exploración de identidades no occidentales son valoradas. Sin embargo, esta estrategia plantea interrogantes sobre si estamos narrando nuestras historias desde nuestra propia perspectiva o adaptándolas a lo que el circuito internacional espera de nosotros.
Un éxito que expone carencias sistémicas
Los elogios de la crítica internacional contrastan con las limitaciones que enfrentan los cineastas peruanos en su propio país. La falta de salas de exhibición especializadas, la ausencia de programas educativos sobre cine nacional y la precariedad de los fondos públicos para producción cinematográfica son obstáculos que este reconocimiento no resuelve.
"El éxito en Sundance no debe generar complacencia, sino urgencia por crear las condiciones para que más cineastas peruanos accedan a estas oportunidades"
La pregunta incómoda es por qué necesitamos el reconocimiento externo para valorar nuestro propio cine. Mientras celebramos este logro en Sundance, ¿cuántas producciones peruanas de calidad no encuentran espacios de exhibición en Lima, Cusco o Arequipa?
Más allá del estreno: sostenibilidad del sector
El verdadero desafío no está en producir una película que triunfe en un festival, sino en construir una industria cinematográfica sostenible. Esto requiere políticas públicas que vayan más allá de declaraciones de apoyo y se materialicen en presupuestos, marcos legales y estrategias de desarrollo sectorial.
El cine peruano tiene talento, tiene historias que contar y, como demuestra este estreno en Sundance, tiene la capacidad de conectar con audiencias globales. Lo que falta es un Estado que entienda el cine no solo como entretenimiento, sino como industria cultural, herramienta de soft power y espacio de construcción de identidad nacional.
Este reconocimiento internacional debería ser el punto de partida para una reflexión seria sobre qué tipo de industria cinematográfica queremos construir y qué estamos dispuestos a invertir para lograrlo.