Los candidatos de derecha dominan el panorama electoral peruano
A más de un año de las elecciones generales previstas para abril de 2026, el panorama político peruano ya muestra señales claras de una inclinación conservadora entre el electorado. Según una nueva encuesta difundida por Reuters, Keiko Fujimori, lideresa de Fuerza Popular, y Rafael López Aliaga, actual alcalde de Lima y líder de Renovación Popular, se mantienen en los primeros lugares de las preferencias ciudadanas.
La tendencia no es casualidad. Tras años de inestabilidad política, crisis institucional y el desastroso gobierno de Pedro Castillo —que culminó con su destitución y encarcelamiento por intento de golpe de Estado—, los peruanos parecen buscar opciones que representen orden, firmeza y un retorno a políticas de libre mercado. Ambos candidatos encarnan, desde perspectivas distintas, esa promesa conservadora.
Fujimori mantiene su base electoral sólida
Keiko Fujimori, tres veces candidata presidencial, ha demostrado una resiliencia política notable. A pesar de haber enfrentado procesos judiciales por presunto lavado de activos vinculados a la constructora brasileña Odebrecht, la hija del expresidente Alberto Fujimori conserva una base electoral leal que ronda el 15% en las encuestas más recientes.
Su discurso se centra en la seguridad ciudadana, la mano dura contra la criminalidad y la reactivación económica mediante políticas pro-inversión. Para muchos peruanos, especialmente en sectores populares que vivieron la pacificación del país durante el gobierno de su padre en los años 90, el apellido Fujimori sigue siendo sinónimo de orden frente al caos.
Sin embargo, Keiko Fujimori arrastra también altos índices de rechazo. Su antivoto, históricamente elevado, podría convertirse en su principal obstáculo en una eventual segunda vuelta. La pregunta que persiste es si podrá ampliar su base más allá de su electorado cautivo.
López Aliaga: del municipio de Lima a Palacio de Gobierno
Rafael López Aliaga, empresario y político de corte ultraconservador, ha capitalizado su gestión en la Municipalidad de Lima para posicionarse como una alternativa presidencial viable. Con un discurso centrado en valores tradicionales, lucha anticorrupción y una férrea oposición al progresismo, el alcalde limeño ha logrado consolidar un nicho electoral que crece sostenidamente.
Las encuestas lo ubican en cifras cercanas a las de Fujimori, en un empate técnico que podría definirse en los próximos meses conforme se acerque la fecha electoral. López Aliaga ha sido particularmente efectivo en conectar con sectores evangélicos y católicos conservadores, así como con ciudadanos hastiados de la clase política tradicional.
Su principal desafío será demostrar capacidad de gestión a escala nacional y superar las críticas sobre su estilo confrontacional, que algunos analistas consideran polarizante.
Un campo electoral fragmentado
Más allá de los dos punteros, el campo electoral peruano se presenta extremadamente fragmentado. La encuesta revela que ningún candidato supera el 20% de intención de voto, lo que sugiere una primera vuelta altamente competitiva con múltiples aspirantes disputándose el segundo lugar.
Entre los demás nombres que aparecen en las mediciones figuran candidatos de centro y centroizquierda que, por el momento, no logran consolidar una alternativa convincente frente a la oferta conservadora. Esta dispersión del voto podría beneficiar precisamente a Fujimori y López Aliaga, quienes cuentan con estructuras partidarias más organizadas y bases electorales más definidas.
La fragmentación política en Perú es un reflejo directo de la crisis de representación que vive el país desde hace más de una década, donde los partidos tradicionales han perdido credibilidad y los movimientos personalistas dominan la escena.
El contexto: un país que exige estabilidad
Perú atraviesa uno de los períodos más turbulentos de su historia democrática reciente. Desde 2016, el país ha tenido seis presidentes, ha enfrentado dos intentos de vacancia, un autogolpe fallido, protestas masivas y una crisis de seguridad que ha convertido a la extorsión y el sicariato en problemas cotidianos.
En este contexto, el giro a la derecha del electorado resulta comprensible. Los ciudadanos priorizan la seguridad, la estabilidad económica y el restablecimiento del orden institucional. Las propuestas de izquierda, asociadas inevitablemente con el fracaso del gobierno de Castillo, enfrentan un rechazo significativo que se refleja en las encuestas.
La economía peruana, aunque resiliente en términos macroeconómicos, enfrenta desafíos importantes en materia de empleo formal, inversión minera y crecimiento sostenido. Ambos candidatos punteros han prometido políticas favorables al sector privado y a la inversión extranjera, un mensaje que resuena en un país cuyo modelo económico liberal ha sido, paradójicamente, uno de sus mayores activos durante las últimas tres décadas.
Lo que viene: una carrera que recién empieza
Si bien las encuestas actuales ofrecen una fotografía temprana del escenario electoral, los analistas advierten que mucho puede cambiar en los próximos meses. La inscripción formal de candidatos, las alianzas políticas y eventuales escándalos podrían alterar significativamente las preferencias.
Lo que parece claro, no obstante, es la dirección ideológica del electorado peruano. El Perú de 2026 votará mirando hacia la derecha, y tanto Fujimori como López Aliaga lo saben. La batalla entre ambos por consolidarse como la primera opción conservadora definirá, en gran medida, quién llegará a Palacio de Gobierno.