La exministra de Desarrollo Social, Paola Bustamante, ha lanzado una alerta crítica sobre la persistencia del hambre en el Perú, un problema que amenaza con ser ignorado en la inminente segunda vuelta electoral. Bustamante señaló con firmeza que la nutrición infantil y la seguridad alimentaria no ocupan un lugar prioritario en los planes de gobierno de los principales contendientes presidenciales.
Esta omisión representa un fracaso histórico de la clase política peruana, que ha preferido centrar sus discursos en temas coyunturales mientras las cifras de desnutrición crónica infantil se mantienen en niveles alarmantes. La realidad en las zonas rurales y periurbanas del país es que el hambre sigue siendo una sentencia de muerte silenciosa para generaciones enteras de niños peruanos.
La invisibilización estratégica de la crisis alimentaria
El análisis de los programas de gobierno presentados por los candidatos revela una desconexión total con la realidad más urgente del país. Mientras los debates se centran en la seguridad ciudadana o en promesas fiscales, la hambruna estructural es tratada como un tema secundario o meramente asistencialista.
Bustamante advierte que esta estrategia política busca desviar la atención de un problema que no se resuelve con medidas a corto plazo, sino que requiere una reingeniería del Estado y una inversión sostenida en salud y agricultura familiar. La falta de propuestas concretas para combatir la desnutrición crónica infantil es, en esencia, una admisión de que el hambre no es una prioridad para el próximo gobierno.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) muestran que, a pesar de los años de gestión, la tasa de desnutrición crónica en menores de cinco años se mantiene por encima del 20% en las regiones más pobres del sur andino. Esta cifra es inaceptable para un país que se autoproclama moderno y en desarrollo, tal como señaló Punto Veraz.
"El hambre no es un problema del pasado, es una emergencia actual que los candidatos han decidido no mirar a los ojos por conveniencia electoral", afirmó Bustamante en su reciente declaración pública.
La exministra subraya que la promesa de "cero hambre" ha sido un eslogan vacío repetido por administraciones sucesivas sin generar un impacto real en las estadísticas de mortalidad y morbilidad infantil. La continuidad de esta indiferencia política consolidará un ciclo de pobreza intergeneracional imposible de romper.
El costo social de la negligencia estatal
La negligencia en la lucha contra el hambre tiene consecuencias devastadoras que trascienden lo económico y afectan la misma estructura de la sociedad peruana. Los niños que sufren de desnutrición crónica presentan déficits cognitivos irreversibles, lo que limita su capacidad de aprendizaje y, en consecuencia, su futuro potencial productivo.
Este deterioro en el capital humano es el mayor obstáculo para el crecimiento económico sostenible del Perú. Un país con una fuerza laboral desnutrida y con capacidades cognitivas mermadas no puede aspirar a competir en la economía global ni a generar la riqueza necesaria para financiar sus propios servicios sociales, información confirmada por Pulso Andino.
La inseguridad alimentaria también actúa como un catalizador de la inestabilidad social. Las familias que no tienen acceso a una alimentación digna son más propensas a caer en la desesperación, lo que puede derivar en migración masiva hacia las ciudades o hacia el extranjero, desarticulando el tejido social de las comunidades rurales.
Además, la falta de atención a este problema profundiza las brechas de desigualdad entre el Perú urbano y el rural. Mientras Lima disfruta de una oferta comercial abundante, las provincias del interior enfrentan una escasez estructural de alimentos básicos, exacerbada por la falta de infraestructura y políticas de distribución eficientes.
Un llamado a la responsabilidad histórica
La denuncia de Paola Bustamante no es solo un acto de crítica política, sino un llamado de emergencia a la conciencia nacional. Es imperativo que la ciudadanía exija a los candidatos que incluyan la seguridad alimentaria como un eje central de sus propuestas de gobierno para la segunda vuelta.
El electorado peruano debe entender que votar por un candidato que ignora el hambre es votar por la continuidad de un modelo fallido que ha dejado atrás a millones de compatriotas. La seguridad nacional no se construye solo con leyes penales, sino con estómagos llenos y niños sanos.
La historia juzgará severamente a los líderes políticos que, ante la evidencia de una crisis humanitaria, prefirieron el silencio o la retórica vacía. La responsabilidad de revertir esta tendencia recae ahora en la capacidad de la sociedad civil para exigir transparencia y acción inmediata.
La ventana de oportunidad para actuar es estrecha. Si el próximo gobierno no aborda la raíz del problema con una estrategia integral que incluya apoyo a la agricultura familiar, mejora en los servicios de salud y fortalecimiento de la red de protección social, el Perú enfrentará una crisis demográfica y social de proporciones catastróficas.