Perú ha registrado un hito sin precedentes en América Latina: ocho presidentes en apenas una década. Desde el desencuentro entre el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski y el Congreso dominado por Fuerza Popular en 2016, el país ha transitado por una sucesión de mandatarios que evidencia una crisis política estructural. Sin embargo, contra todo pronóstico, la economía peruana no solo ha sobrevivido, sino que ha mostrado señales consistentes de resiliencia.
La pregunta que se hacen analistas internacionales, inversionistas y organismos multilaterales es inevitable: ¿cómo es posible que un país con semejante inestabilidad en su cúpula política mantenga indicadores macroeconómicos relativamente saludables? La respuesta, lejos de ser simple, revela las fortalezas y también las vulnerabilidades de un modelo que funciona casi en piloto automático.
Una década de turbulencia presidencial sin precedentes
El recuento es vertiginoso. Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) renunció acorralado por denuncias de corrupción y la presión congresal. Martín Vizcarra (2018-2020) fue vacado por "incapacidad moral permanente". Manuel Merino duró apenas cinco días tras una crisis de legitimidad que costó vidas humanas. Francisco Sagasti (2020-2021) asumió como presidente de transición. Pedro Castillo (2021-2022) fue destituido y arrestado tras un fallido autogolpe. Dina Boluarte asumió en diciembre de 2022 en medio de protestas que dejaron decenas de muertos.
A estos nombres se suman los breves interinatos y las constantes pugnas entre el Ejecutivo y el Legislativo que han convertido a la política peruana en un escenario de confrontación perpetua. Ningún presidente desde Ollanta Humala ha logrado completar su mandato constitucional de cinco años.
El blindaje institucional: el rol del Banco Central y el MEF
La clave de la resistencia económica peruana tiene nombre propio: institucionalidad técnica. El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), considerado uno de los más sólidos de la región, ha mantenido una política monetaria disciplinada independientemente de quién ocupe Palacio de Gobierno. Su autonomía constitucional ha sido respetada incluso por los gobiernos más heterodoxos.
Julio Velarde, presidente del BCRP desde 2006, se ha convertido en el símbolo de esa continuidad. Su permanencia al frente de la entidad a lo largo de múltiples gobiernos —incluyendo el de Pedro Castillo, que inicialmente generó pánico en los mercados— ha sido fundamental para mantener la confianza de los inversionistas.
El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) también ha jugado un papel crucial. Pese a los constantes cambios de gabinete, la línea técnica del ministerio ha preservado los pilares de la política fiscal: bajo déficit, deuda pública controlada y manejo prudente de las reservas internacionales.
"La economía peruana funciona a pesar de sus políticos, no gracias a ellos. Las instituciones técnicas han sido el verdadero escudo contra el caos", señalan analistas económicos consultados por medios especializados.
Cifras que desafían la lógica política
Los números respaldan esta tesis. Perú mantiene reservas internacionales que superan los 70,000 millones de dólares, una de las ratios más altas de la región respecto al PBI. La deuda pública se ubica alrededor del 33% del PBI, muy por debajo del promedio latinoamericano que supera el 50%.
La inflación, que se disparó globalmente tras la pandemia, ha sido controlada con mayor eficacia que en muchos países vecinos. El BCRP fue uno de los primeros bancos centrales del mundo en iniciar el ciclo de alzas de tasas de interés en 2021, anticipándose incluso a la Reserva Federal de Estados Unidos.
El crecimiento económico, si bien moderado, no ha colapsado. Tras la contracción histórica de 2020 por la pandemia (-11%), la economía rebotó con fuerza en 2021 y ha mantenido tasas positivas, impulsada por la minería, la agroindustria y el sector servicios.
El modelo económico constitucional como ancla
Otro factor determinante es el marco constitucional heredado de 1993. La Constitución peruana consagra una economía social de mercado con garantías para la inversión privada, la libre competencia y la estabilidad contractual. Este marco ha sobrevivido a múltiples intentos de reforma y ha dado predictibilidad al sector empresarial.
Los tratados de libre comercio firmados con Estados Unidos, China, la Unión Europea y otros bloques económicos han diversificado los mercados de exportación y generado un flujo comercial que no depende de decisiones presidenciales coyunturales.
La minería, que representa aproximadamente el 60% de las exportaciones, sigue siendo el motor económico del país. Perú es el segundo productor mundial de cobre y plata, y las grandes inversiones mineras, aunque enfrentan conflictos sociales, continúan operando.
Las sombras detrás de la resistencia
Sin embargo, sería un error confundir resistencia macroeconómica con bienestar generalizado. La informalidad laboral supera el 70%, lo que significa que la mayoría de peruanos trabaja sin protección social ni beneficios. La pobreza, que había descendido sostenidamente hasta 2019, aumentó tras la pandemia y la recuperación ha sido desigual.
La inversión pública ha sufrido significativamente por la rotación constante de funcionarios. Proyectos de infraestructura se paralizan, la ejecución presupuestal se resiente y las regiones más pobres pagan el costo de la inestabilidad con obras inconclusas y servicios deficientes.
La inversión privada también muestra cautela. Si bien no ha huido del país, los grandes proyectos se postergan a la espera de señales claras de estabilidad política. El "ruido político", como lo denominan los economistas, tiene un costo real aunque no siempre inmediatamente visible.
"La economía peruana tiene fundamentos sólidos, pero no es inmune. Cada crisis política resta décimas de crecimiento y posterga el desarrollo que el país necesita urgentemente".
La paradoja peruana, en definitiva, refleja tanto la fortaleza de sus instituciones técnicas como la debilidad de su clase política. Un país que crece a pesar de quienes lo gobiernan enfrenta un desafío existencial: ¿hasta cuándo podrá sostenerse este modelo sin que la crisis política termine por erosionar los cimientos económicos que hasta ahora han resistido?