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Perú asegura que TLC vigente con Estados Unidos no sería afectado por aranceles de Trump

El Gobierno peruano confía en que el Tratado de Libre Comercio bilateral protegerá las exportaciones nacionales frente a la nueva política arancelaria

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En medio de la incertidumbre global generada por la nueva política arancelaria impulsada por el presidente Donald Trump, el Gobierno peruano salió a calmar las aguas asegurando que los productos que el país exporta hacia Estados Unidos bajo el Tratado de Libre Comercio (TLC) vigente entre ambas naciones no serían afectados por las medidas proteccionistas anunciadas desde Washington.

La declaración, difundida desde Lima el 2 de abril, busca transmitir tranquilidad tanto al sector exportador nacional como a los mercados financieros, en un contexto donde múltiples economías de la región y del mundo evalúan con preocupación el alcance de las decisiones comerciales de la administración Trump.

El escudo del TLC bilateral

El Tratado de Libre Comercio entre Perú y Estados Unidos, vigente desde febrero de 2009, establece un marco de preferencias arancelarias que beneficia a una amplia gama de productos peruanos que ingresan al mercado estadounidense. Bajo este acuerdo, la mayoría de bienes exportados desde el Perú goza de arancel cero o de tarifas significativamente reducidas.

La posición oficial del Gobierno peruano es que este instrumento jurídico internacional tiene un carácter vinculante que no podría ser alterado unilateralmente por la nueva política arancelaria anunciada por Trump. En otras palabras, las reglas pactadas en el TLC prevalecerían sobre cualquier medida generalizada de incremento de aranceles.

Esta lectura se sustenta en el principio de que los tratados comerciales bilaterales operan como compromisos entre Estados que no pueden ser modificados sin un proceso formal de renegociación o denuncia del acuerdo por una de las partes.

La amenaza arancelaria de Trump y su impacto global

La administración Trump ha venido anunciando una serie de medidas proteccionistas que buscan reconfigurar la política comercial de Estados Unidos, bajo el argumento de proteger la industria y el empleo estadounidenses. Estas medidas incluyen la imposición de aranceles recíprocos y tarifas generalizadas a importaciones provenientes de diversas regiones del mundo.

El impacto de estas decisiones ya se ha hecho sentir en los mercados internacionales. Economías como la de China, la Unión Europea y varios países latinoamericanos han expresado su preocupación y, en algunos casos, han anunciado contramedidas o represalias comerciales.

En América Latina, la situación genera especial inquietud para economías que dependen fuertemente de sus exportaciones hacia Estados Unidos. Países como México, Colombia y Brasil han sido señalados entre los potencialmente más afectados por la nueva arquitectura arancelaria trumpista.

El comercio bilateral Perú-Estados Unidos en cifras

Estados Unidos es uno de los principales socios comerciales del Perú. Las exportaciones peruanas hacia el mercado norteamericano abarcan productos mineros, agroindustriales, textiles y pesqueros, entre otros sectores clave para la economía nacional.

Según datos del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), el intercambio comercial bilateral supera los miles de millones de dólares anuales. Los productos agroindustriales como los arándanos, las uvas, los espárragos y el café figuran entre los principales rubros de exportación que se benefician directamente de las preferencias arancelarias del TLC.

De confirmarse que el tratado bilateral efectivamente blindará estas exportaciones, el Perú se encontraría en una posición relativamente privilegiada frente a otros competidores regionales que no cuentan con acuerdos comerciales similares con Washington o cuyos tratados podrían estar sujetos a revisión.

Cautela frente al optimismo oficial

No obstante la posición optimista del Gobierno, analistas y gremios empresariales han llamado a mantener cautela. La experiencia reciente demuestra que la administración Trump no siempre se ha ceñido estrictamente a los compromisos comerciales preexistentes, y que las decisiones arancelarias pueden tener efectos indirectos incluso sobre países con acuerdos bilaterales vigentes.

Entre los riesgos que se identifican está la posibilidad de que ciertos productos específicos sean sometidos a aranceles bajo categorías de seguridad nacional u otras excepciones contempladas en la normativa comercial estadounidense, lo cual podría sortear las protecciones del TLC.

Asimismo, el endurecimiento general del entorno comercial global podría afectar los precios internacionales de commodities y reducir la demanda en mercados clave, generando un impacto indirecto sobre la economía peruana independientemente de lo que ocurra con los aranceles bilaterales.

La diplomacia comercial como prioridad

En este escenario, resulta fundamental que el Perú refuerce sus canales diplomáticos con Washington y mantenga una vigilancia activa sobre cualquier movimiento que pueda poner en riesgo las condiciones comerciales actuales. La defensa del TLC no puede darse por sentada; requiere un trabajo sostenido de incidencia política y jurídica.

El Gobierno peruano deberá demostrar que su confianza en la solidez del tratado bilateral no es mera retórica, sino que está respaldada por una estrategia concreta de protección de los intereses comerciales nacionales frente a un contexto internacional cada vez más volátil e impredecible.

La fortaleza de un tratado comercial no reside únicamente en el texto firmado, sino en la capacidad de las partes para hacerlo respetar en momentos de tensión geopolítica.

Los próximos meses serán decisivos para determinar si la lectura optimista del Gobierno se confirma en los hechos o si el Perú, como tantas otras economías, terminará sintiendo los efectos colaterales de la guerra comercial desatada desde Washington.